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El Dogo Argentino

La inusual búsqueda de un jabalí a minutos de la ciudad de Rosario

(foto al pie)

 

Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda la revista MAGNUM, para contarles a todos los amantes de la caza, la experiencia que viví junto a un grupo de amigos.

Soy cazador, y practico la caza tanto con armas como con perros. Pertenezco al Club del Dogo Argentino de Rosario "Antonio Nores Martínez" quien fue el creador de esta raza -tan argentina- de perros.

La historia tiene como protagonista a un bravo jabalí (hembra) cuyas andanzas tuvieron como escenario un pueblo -Pueblo Esther- localidad distante unos diez kilómetros de la ciudad de Rosario.

Todo empezó en el mes de diciembre de 1977, cuando este gran animal de unos cinco años de edad y de un peso aproximado de 140 kilos, de propiedad de Andrés Coldebella, se escapó de su campo. Lo había traído desde pequeño desde la provincia de La Pampa para hacerlo cruzar con sus chanchos caseros con el propósito de mejorar la calidad de sus animales. En todo este tiempo logró 28 chanchos/jabatos.

A partir de este momento en que este jabalí saltó el cerco para escaparse comenzaron los problemas para Andrés. Durante los cinco meses que estuvo suelto, hizo desastres en las quintas vecinas. En el verano destrozó los almácigos de las plantaciones de tomates, se comía las lechugas, acelga y papas de los diferentes campos de la zona. Fue muy perseguido por los lugareños, pero la topografía del terreno estaba a favor del animal, ya que hay una gran extensión de campo sembrado con soja, con varias isletas de árboles y matorrales como así también el cauce, sanjones y brazos del arroyo Farías, que desemboca en el río Paraná. Todos estos parajes son muy sucios de matorrales y cañaverales que se tornan muy difíciles de atravesar.

Durante todo este tiempo fue muy perseguida. Un vecino llevaba la cuenta de la cantidad de kilos de camotes que se comía por noche. Decidió hacerle un cebadero de maíz, para que le rompiera la quinta, cosa que le dio buen resultado. Cierto día envenenó el maíz para deshacerse de él, pero el animal, muy inteligente por cierto, no volvió a comerlo. Esto demuestra los astutos que son a la hora de preservar su vida.

En otra oportunidad que salieron a buscarlo con perros les mató a uno de ellos contra un eucalipto de una de las isletas, pero antes de consumir la muerte del perro recibió un disparo de 45 en su lomo sin causarle daño alguno.

Después de este episodio, nuestro amigo Andrés, después de estar cosechando la soja, lo vió salir a unos treinta metros delante de la máquina cosechadora. Rápidamente tomó su escopeta calibre 12/70 y le disparó pegándole en la cabeza. En el apuro por lograr un segundo disparo desde una mejor posición, saltó desde la cosechadora con tan mala suerte, que al caer tuvo un fuerte desgarro en su pierna derecha. El disparo no logró más que un rasguño ya que eran cartuchos cargados con munición del 1.

Luego de todo esto, nuestro amigo Andrés se contactó con uno de los socios del Club del Dogo Argentino, Juan Manuel Rojas. Armamos la búsqueda para el primer domingo de mayo. Era un día muy soleado. La jauría estaba compuesta por "Kili" (hembra), y los machos "Guazú", "Mayor" y "Teniente", todos de nuestro criadero Del Litoral. Los hombres que integraron la partida fueron: José L. Gorila, don Ricardo, Juan M. Rojas, Sergio Stankewiz, Marcelo Raguza, Ricardo y Edgardo Páez y quien escribe estas líneas.

Ese día salimos muy temprano. Seguimos los rastros del jabalí por el cauce del arroyo Farías. Derivamos hacia los rastrojos del campo de soja, siempre siguiendo los rastros: pisadas, ozadas y deposiciones. Nuestros nobles perros sabían qué hacían, ya que no era la primera vez que seguían un rastro. Si bien siempre las cacerías anteriores fueron en La Pampa, en esta oportunidad nos resultaba extraño que a sólo treinta minutos de nuestros hogares estuviéramos cazando un jabalí.

Después de unas dos horas y media de recorrida y recortando hacia unos zanjones secos con muchos enriedos y cañaverales, nos encontramos con nuestros instintos ancestrales de supervivencia, tanto de los dogos como los de uno. Nuestros perros lo encontraron justo en el momento en que el jabalí salió de unos cañaverales. "Kili" llegó primero, el "Teniente" después, que llegó por atrás, y finalmente "Guazú" y "Mayor" que lo mordieron a ambos lados de su lomo. El animal, lejos de entregarse, arrastró a nuestros perros unos veinticinco metros. Los fieles perros, lejos de largar a su presa, se trenzaron en una feroz pelea. "Guazú" recibió tres puntazos en su pecho, "Kili" una cortada en su pata derecha. Mientras tanto, Marcelo, José Luis y yo, tomamos las patas traseras del jabalí, para atarlas. Ricardo y Sergio separaron a los perros, mientras que Juan Manuel y Marcelo ataron la trompa del animal.

Habíamos logrado nuestro objetivo principal, que era recapturar con vida al jabalí, que tanto daño había hecho y tanta preocupación causó a la gente de la zona. Quisiera resaltar la gran emoción que nos embargó a todos cuando vimos a nuestros perros dogos, raza realmente autóctona de nuestro país, lograr la cacería de este imponente y astuto animal.

En señal de agradecimiento nuestro amigo Andrés nos invitó a comer un lechón el Día de la Bandera. El animal está en perfecto estado, se le efectuaron algunas suturas y la atendió un veterinario de Pueblo Esther que le dio antibióticos para su total recuperación. También digamos que los perros están en perfectas condiciones.

Quiero dedicar este artículo a todos aquellos que de una manera u otra comparten el deporte de las armas y la caza.

Finalmente quiero agradecer a MAGNUM por la muy buena revista que es y que realmente la considero como la mejor y más completa publicación en lo que a armas, tiro y caza se refiere.

por Edgardo H. Páez

Los integrantes de la partida

caza con dogos argentinos